Chile es un montón de tierras solas juntas

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Puede que Isla de Pascua sea chilena de la misma forma que son chilenas las islas perdidas del archipiélago de Chiloé o la Isla Desolación: medallitas dispersas para engrosar la densidad poblacional o bengalas para navegantes perdidos y profesionales del saqueo. Lo cierto es que Rapa Nui está sola y de su soledad conocemos el tosco gesto de un Moái, la soltura del Sau Sau —nosotros que somos tan irremediablemente tiesos— y las postales noventeras y naïfs de Sabatini y su Iorana. Poco y nada, por decir.

Entrevista a Tiziana Panizza para Culto LT. Puede leerse acá:

http://culto.latercera.com/2018/11/16/tiziana-panizza-tierra-sola

 

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Nunca vi un sonido

“Study for the head of a screaming pope” de Francis Bacon

 

Ahora quisiera hablar de los sonidos.

El mundo está lleno de sonidos.

No puedo hablar de todos ellos.

Hablaré de sonidos que importan.

Para hablar de sonidos, produzco sonidos.

Creo – un acto original que realicé en el mismo momento en que emergí en esta tierra.

La creación es ciega. La creación es sonora.

“En el comienzo, Dios creó el cielo y la tierra” – con su boca.

Dios nombró el universo, pensando en voz alta.

Los dioses egipcios existieron a partir de que Atum, el creador, los nombró.

Mithra existió a partir de las vocales y las consonantes.

Los dioses terribles existieron a partir del trueno.

Los dioses fructíferos existieron a partir del agua.

Los dioses mágicos existieron a partir de la risa.

Los dioses místicos existieron a partir de ecos distantes.

Toda creación es original. Todo sonido es nuevo.

Ningún sonido puede ser repetido de manera exacta. Ni siquiera tu mismo nombre. Cada vez que se lo pronuncia es diferente. Y un sonido oído una vez no es lo mismo que un sonido oído dos veces, así como un sonido oído antes no es lo mismo que un sonido oído después.

Todo sonido se suicida y no vuelve. Los músicos lo saben. Ninguna frase musical puede repetirse de manera idéntica dos veces.

Los sonidos no pueden conocerse de la misma manera que puede conocerse lo que se ve. La visión es reflexiva y analítica. Coloca las cosas una junto a la otra y las compara (escenas, diapositivas, diagramas, figuras … ). Esta es la razón por la cual Aristóteles prefería la visión como “la fuente principal de conocimiento”.

Se puede conocer lo que se ve. Se puede nombrar lo que se ve.

Lo sonoro es activo y generativo. Los sonidos son verbos. Como toda creación, el sonido no es comparable. Por lo tanto, no puede existir una ciencia del sonido, sólo sensaciones … intuiciones … misterios …

En el mundo occidental, y por algún tiempo, la vista ha sido el referente para toda experiencia sensorial. Predominaron las metáforas visuales y los sistemas escalares. Se inventaron ficciones interesantes para pesar o medir sonidos; alfabetos, escrituras musicales, sonogramas. Pero todos saben que no se puede pesar un susurro o contar las voces de un coro o medir la risa de un niño.

Posiblemente sea ir demasiado lejos afirmar que en una cultura aural, la ciencia, especialmente la física, la matemática y sus subordinadas -estadística, fisiología, psicología empírica, dibujo, demografía, la banca, etc. (la lista es larga)- desaparecerían. Tal vez sea suficiente decir que en culturas puramente aurales ellas no aparecen.

¿Me fui de tema?

Estaba diciendo que todo en el mundo había sido creado por el sonido y analizado por la vista. Dios primero habló, y recién después vio que estaba bien.

¿Qué pasa si no está bien? Entonces, Dios destruye con sonido. El ruido mata. La guerra. El Diluvio Universal. El Apocalipsis.

El ruido bloquea. Convierte el lenguaje en un políglota; es lo que sucedió en Babel. Cuando el ruido del mundo se convirtió en algo tan grande que molestaba “incluso a las partes interiores de los dioses”, éstos liberaron el Diluvio Universal (Epic of Glgamesh).

Algunos dicen que el sonido del apocalipsis será de una intensidad tal que destruirá los oídos (Mahoma en el Corán o Juan de Patmos en la Revelación). Otros sostienen que “el mundo no terminará con una explosión, sino con un gemido”. En cualquier caso, va a sonar, porque todos los acontecimientos traumáticos conservan el sonido como su medio expresivo: guerra, violencia, amor, locura. Sólo la enfermedad es silenciosa y no consiente el análisis.

Vengan conmigo y siéntense en la platea de la vida. Los asientos son gratuitos y el entretenimiento es continuo.

La orquesta mundial está tocando permanentemente. La oímos de adentro y de afuera; de cerca y de lejos.

No existe el silencio para los vivos.

No tenemos párpados en los oídos.

Estamos condenados a oír.

Oigo con mi pequeño oído …

La mayor parte de los sonidos que oigo están ligados a cosas. Uso los sonidos como indicios para identificar dichas cosas. Si están ocultas, los sonidos las revelarán. Oigo a través de la selva, a la vuelta de la esquina y por encima de los montes.

El sonido llega a lugares a los que la vista no puede.

El sonido se zambulle por debajo de la superficie.

El sonido penetra hasta el corazón de las cosas.

Si dejo de tener en cuenta las cosas a las cuales el sonido está ligado el mundo fenomenológico desaparece. Me vuelvo ciego. Soy arrastrado sensualmente por la vasta música del universo.

Todo en este mundo tiene su sonido – incluso los objetos silenciosos. Conocemos los objetos silenciosos golpeándolos. El hielo es delgado, la caja está vacía, la pared es hueca.

He aquí una paradoja: dos cosas se tocan pero sólo se produce un sonido. Una pelota rebota contra la pared, una baqueta golpea un tambor, un arco frota una cuerda. Dos objetos: un sonido.

Otro caso en el que 1 más 1 es igual a 1.

Tampoco es posible unir sonidos sin que cambien su carácter. La paradoja de Zeno: “Si una medida de granos derramado sobre el piso produce un sonido, cada grano y cada parte de cada grano deben producir también un sonido, lo cual, en realidad, no es cierto”:

En acústica, la suma es igual a una diferencia.

Los sonidos me hablan de espacios, sean grandes o pequeños, estrechos o amplios, interiores o exteriores. Los ecos y la reverberación me brindan información acerca de superficies y obstáculos. Con un poco de práctica puedo comenzar a oír “sombras acústicas”, tal como hacen los ciegos.

El espacio auditivo es muy diferente del espacio visual. Nos encontramos siempre en el borde del espacio visual, mirando hacia adentro del mismo con nuestros ojos. Pero siempre nos encontramos en el centro del espacio auditivo, oyendo hacia afuera con el oído.

En consecuencia, la conciencia visual no es igual a la conciencia aural. La conciencia visual mira hacia adelante. La conciencia aural está centrada.

Yo me encuentro siempre en el corazón del universo sonoro.

Me habla con sus muchas lenguas.

Me habla con las lenguas de los dioses.

No se puede controlar o estructurar el universo acústico. Más bien lo contrario. Esta es la razón por la cual las sociedades aurales son consideradas no progresivas; es que no miran hacia adelante.

Si quiero ordenar el mundo debo convertirme en un “visionario”. Entonces, cierro mis oídos y construyo cercas, líneas de propiedad, caminos rectos, paredes.

Todos los temas principales de la ciencia y la matemática desarrollados en el mundo occidental son silenciosos (el continuo espacio-tiempo de la relatividad, la estructura atómica de la materia, la teoría ondulatoria-corpuscular de la luz) y los instrumentos desarrollados para su estudio, el telescopio y el microscopio, la ecuación, la gráfica y, por encima de todo, el número, son también silenciosos.

La estadística trata con un mundo de cantidades que se presume silencioso.

La filosofía trata con un mundo fenomenológico que se presume silencioso.

La economía trata con un mundo material que se asume silencioso.

Incluso la religión trata con un Dios que se ha vuelto silencioso.

La música occidental también está concebida a partir del silencio. Durante dos mil años ha estado madurando dentro de paredes.

Las paredes introdujeron una cuña entre la música y el paisaje sonoro. Los dos se separaron y se volvieron independientes.

La música dentro; el pandemonium (es decir, los demonios) afuera.

Pero todo lo que se ignora regresa. La oscuridad vehemente del paisaje sonoro regresa para enfrentarnos en la forma de contaminación sonora.

En tanto problema articulado el ruido pertenece exclusivamente a las sociedades occidentales. Se trata de la disonancia entre el espacio visual y acústico. El espacio acústico permanece soslayado porque no puede ser poseído. Se le retiran los privilegios – una alcantarilla sonora. Hoy vemos el mundo sin oírlo, desde atrás de edificios vidriados.

En una sociedad aural todos los sonidos son importantes, aún cuando apenas se los alcance a oír casualmente.

“En el momento en que oigas el grito de la grulla inicia la plantación de invierno” (Hesiodo: Trabajos y días).

En Ontario la señal para parar de taladrar los arces es cuando se oyen las ranas de primavera; después de ello, el hielo se derrite, la savia es más oscura, el jarabe es inferior.

Otro ejemplo: un hombre camina por la nieve. Se puede saber la temperatura a partir del sonido de sus pasos. Es una forma distinta de percibir el medio ambiente; una en el que los sentidos no están divididos; una que reconoce que toda la información está interconectada.

Algunos sonidos son tan únicos que una vez que uno los oye jamás podrá olvidarlos: el aullido de un lobo, la llamada del somorgujo, una locomotora a vapor, una ametralladora.

En una sociedad aural sonidos como éstos pueden ser resaltados y mimetizados en una canción y en el habla tan fácilmente como la sociedad visual puede hacer un dibujo o un mapa.

La sociedad visual siempre se muestra sorprendida por la capacidad de retención aural de personas que no pasaron aún por la fase visual. El Corán, la Kabala y la Ilíada fueron memorizados una vez.

Recuérdalo.

El ser humano visual tiene instrumentos para ayudar a retener las memorias visuales (pinturas, libros, fotografías). ¿Cuál es el dispositivo para retener memorias aurales?

La repetición.

La repetición es el medio de la memoria para el sonido.

La repetición es el medio por el cual los sonidos son retenidos y explicados.

La repetición es el medio por el cual la historia del mundo se afirma.

La repetición nunca analiza; simplemente insiste.

La repetición hace que el escucha participe en la declaración, no comprehendiéndolo, sino conociéndolo.

“Está escrito, pero te digo que… ” Y te lo diré una y otra vez, porque hay que Oír para Creer.

Cuando logramos liberarnos del predominio del mundo visual-analítico y lo reemplazamos por la intuición y la sensación, comenzamos a descubrir nuevamente la verdadera afinación del mundo y la exquisita armonía de todas sus voces.

Encontraremos el centro.

Entonces, todo el cuerpo se convertirá en oído y todos los sonidos vendrán a ti, los conocidos y los desconocidos, los dulces, los tristes y los urgentes.

Cuando mi cuerpo yace en la noche blanco y azul en la cama, todos los sonidos llegan a mí desde su propio acorde, sin apuro, extrañamente mezclados, los levemente tonales y los suaves crujidos de las montañas. En ese momento, oír es estar en alerta máxima … y oigo cantos delante mío … cuando voy más allá “al país que ama el silencio”.

En Voices of Tyranny, Temples of silence (1993) de R. Murray Schafer (trad. de Grupo Paisaje Sonoro)

23

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Luego de ver por primera el manuscrito inédito de El Almuerzo Desnudo en 1956, yo había dicho “este hombre es el mayor estilista de la prosa desde James Joyce”. (Todavía estoy bastante orgulloso de haber sido el primero en hacer esa comparación). Conocí a Burroughs en 1966 y descubrí que Bill era un individuo mucho más encantador y ordinario de lo que sugieren sus libros— uno se había preparado para un genio loco y en su lugar encontró un genio algo prosaico, casi académico, y muy caballeroso. Esta es su historia del misterio del 23:

A principios de los 60s en Tánger, Burroughs conoció a cierto Capitán Clark, quien conducía un ferry de Tánger a España. Un día, Clark le dijo a Burroughs que había estado comandando el ferry durante 23 años sin accidentes. Ese mismo día, el ferry se hundió matando a Clark y a todos a bordo.
A la noche Burroughs estaba pensando en eso cuando encendió la radio. El primer noticiero habló sobre el accidente de un avión de Eastern Airlines en la ruta Nueva York-Miami. El piloto era otro Capitán Clark y el vuelo estaba registrado como Vuelo 23.

(¡Ajá! Ahora entiendes la línea “El Capitán Clark le da la bienvenida a bordo” que aparece, siempre con connotaciones siniestras, en varias de las novelas surrealistas de Burroughs.)

Burroughs comenzó a llevar registro de coincidencias extrañas. Para su asombro, el 23 aparecía en muchas de ellas. Cuando me contó todo esto, me puse a llevar mis propios registros — y el 23 apareció en muchos de ellos. (Los lectores de El Desafío del Azar de Koestler descubrirán que también hay gran cantidad de 23 en esa enciclopedia de coincidencias extrañas.)

En Cosmic Trigger (1977) de Robert Anton Wilson.

el motín y la utopía

El motín y la utopía

Movido más por el amor a las aventuras de Julio Verne que por un afán patriótico y castrista, Astica Fuentes se encontraba en el Acorazado Latorre aquel 1 de septiembre del año consignado. La crisis del 29 estaba socavando los raquíticos pilares de la joven patria. Junto con una serie de recortes fiscales, el gobierno del vicepresidente Manuel Trucco había decretado una rebaja importante en los salarios de los marinos. Los tripulantes del Latorre, buque insignia, decidieron reunirse y planear un motín como respuesta.

Texto escrito para Culto LT. Puede leerse acá:

http://culto.latercera.com/2018/10/24/thimor-manuel-astica-la-pollera/

arcaísmos

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No sólo en mi escritura sino también en mi habla, dejo por complacencia, mucha expresión arcaica, sin poner más condición al arcaísmo que la de que esté vivo y sea llano. Muchos, digo, y no todos los arcaísmos que me acuden y que sacrifico en obsequio de la persona anti-arcaica que va a leer. En América esta persona resulta siempre ser una capitalina. El campo americano —y en el campo en que yo me crié— sigue hablando su lengua nueva veteada de ellos. La ciudad, lectora de libros doctos, cree que un tal repertorio arranca en mí de los clásicos añejos, y la muy urbana se equivoca.

En Tala (1938) de Gabriela Mistral.

7 cuadras son 1 metro

7 cuadras son 1 Metro plantea un recorrido como una acumulación de encuadres mínimos. Si la imagen del presente es la del drone y sus planos abiertos que muestran una dizque majestuosidad para el consumo masivo del ojo-turista, este trabajo es su necesaria antítesis. La fotografía misma, en tanto estatus de verdad, de evidencia, adquiere una plasticidad que flirtea con lo no-figurativo: planos de exacta geometría, sombras que recortan y profundizan un paisaje, aviones comerciales que dejan su huella cartesiana en el plano del cielo. De ahí la evocación del siete, cifra divina que ilustra un plan perfecto. Estas abstracciones del ojo son sus bocetos.

AFICHE2

una droga sumamente peligrosa

Esta es la razón por la que Joy Division puede ser una droga sumamente peligrosa para los hombres jóvenes. Pareciera que presentan La Verdad (se presentan a sí mismos como si eso hicieran). Su tema, después de todo, es la depresión. No la tristeza ni la frustración, los estados deprimentes estándar del rock, sino la depresión: la depresión cuya diferencia con la mera tristeza consiste en su declaración de haber descubierto La Verdad (final y sin adornos) sobre la vida y el deseo.

El depresivo se experimenta a sí mismo aislado del mundo de la vida, de modo que su helada vida interior –o muerte interior– sobrepasa todo; al mismo tiempo, se experimenta a sí mismo como una oquedad, completamente despojado, una cáscara: no hay nada excepto el interior, pero el interior está vacío. Para el depresivo, los hábitos anteriores del mundo de la vida parecen ser hoy, precisamente, un modo de simulación, una serie de gestos pantomímicos (“a circus complete with all fools” [un circo lleno de tontos]) que ya no son más capaces de –y que tampoco quieren– representar: nada tiene sentido, todo es una farsa.

En No más placeres: Joy Division de Mark Fisher. Extraído de aquí.