The China Syndrome (James Bridges – 1979)

Interesante pensarla en contrapunto a cómo se ha narrado culturalmente el desastre en Chernobyl: las corporaciones funcionan, la burocracia estatal soviética no.

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Al hacer un reportaje rutinario sobre el funcionamiento de una central nuclear, una reportera de televisión y su fotógrafo descubren un posible accidente que puede poner en peligro la seguridad de la planta y de la ciudad de Los Angeles. (PEL)(SUB)

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un pequeño aborto horrible

«Hombres famosos por su nacimiento, o en los círculos financieros, la industria o las corporaciones fascistas» se reunieron el otro día y discutieron el asunto, y se envió al Duce un telegrama en que se expresaba la esperanza de que «la era fascista pronto produciría un poeta digno de ella». Podemos unirnos todos a esta esperanza, pero dudo de que la poesía pueda nacer de una incubadora. La poesía debería tener una madre, lo mismo que un padre. El poema fascista, hay motivos para temer, será un pequeño aborto horrible como los que se ven en tarros de cristal en los museos de las ciudades de provincias. Estos monstruos nunca viven mucho tiempo, se dice; nunca se ven prodigios de esta clase cortando la hierba en un prado. Dos cabezas en un cuerpo no garantizan una larga vida.

En Un cuarto propio (1929) de Virginia Woolf.

The Florida Project (Sean Baker – 2017)

La escena de la protagonista llorando hacia el final de la película me descorazonó. El modo en que Sean Baker retrata a los outsiders norteamericanos es crudo y tierno al mismo tiempo.

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Una niña de 6 años y sus amigos pasan el verano en un pequeño motel muy próximo a Disneyworld, mientras sus padres y el resto de adultos que les rodean sufren aún los efectos de la crisis. (PEL)(SUB)

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cuadros anatómicos

En otro cuadro anatómico, conocido por todos, que Rembrandt Van Rijn pintó en los primeros tiempos de la época burguesa, resulta también notable que ninguno de los cirujanos que presencian la demostración del doctor Nicolaes Tulp mire al cadáver del pobre ladrón callejero de Leiden Aris Kindt, sometido al bisturí; y cómo, en cambio, todos dirigen su mirada hacia el abierto atlas anatómico, para no verse abrumados por la fascinación de su oficio. El cuadro de Rembrandt de la disección de un cuerpo ya ahorcado por un interés más alto es un comentario estremecedor de la índole especial de conocimientos a los que debemos nuestro progreso.


En Campo Santo (2007) de W. G. Sebald (trad. Miguel Sáenz)

Idiocracy (Mike Judge – 2006)

Esta debe ser lejos la película más estúpida que he visto en años. Una distopía sublime en su idiotez, que deposita en la comunidad latina y afroamericana estadounidense el destino trágico de un mundo que termina gobernado por gaznápiros. ¿Qué es lo mejor? Que la realidad siempre da golpes más certeros y crueles: la tontera yanqui en realidad la terminó encarnando un empresario blanco y racista llamado Donald Trump. Las imágenes del asalto al capitolio son elocuentes al respecto. Mike Judge, you was wrong.

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Tras un experimento militar fallido, el oficial Joe Bawers (Luke Wilson) y la prostituta Rita (Maya Rudolph) despiertan quinientos años adelante en el futuro, en un mundo distópico en el que la selección natural ha favorecido a los más idiotas, debido a que se reproducen más. Esto ha resultado en una humanidad estúpida e ignorante, de modo que Joe descubre que es el hombre más inteligente del planeta. Pronto se convierte en un cercano consejero del Presidente de los Estados Unidos, el excéntrico Camacho (Terry Crews).

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melancolía del intelectual público

Curiosa costumbre del intelectual público chileno: preso como está siempre de una profunda melancolía del espíritu, proustiano rabioso entregado sin vergüenza a recapitular no sólo las escenas de su vida sino las de la Historia del país —su vida siempre es un espejo en donde el devenir de una sociedad se refleja de modo preclaro—, camina y observa en el populacho la encarnación de los males de su tiempo. Nihil novum sub sole, diríamos con cinismo: ninguna época está a la altura de los grandes hombres, del logos encarnado.

Ayer fue la sonajera de vidrios que dejó la irrupción acontecimental de un Pueblo que miraba desde las sombras la repartija del botín entre un puñado de terratenientes y apellidos vinosos. Anteayer, el cierre de un restaurant ubicado en el corazón del país. Hoy, la obesidad. Charly Peña, Rafael Grumoso y Cristián Guarén: padre, hijo y espíritu santo de una República que, oh dioses, se hunde todos los días un poquito más en la ciénaga de la decadencia.

Cada cual tiene un modus operandi clave —la cita no como eco, no como dispositivo que abre la reflexión, sino como certificado de inteligencia, de conocimiento de las cosas tal como son—, además de un séquito de eunucos que defiende su legado rabiosamente, como gaviotas que pululan agujas en torno a los restos de un lobo marino en pleno proceso de putrefacción.

El caso de Guarén es emblemático: devenido meme, caricatura de sí mismo siempre dispuesto al ridículo en nombre del imperativo categórico, llora hoy por la devastación del pueblo chileno. «Nuestra bomba de tiempo es la obesidad de la mayoría del pueblo chileno. No soy experto en salud pública, en Chile hay muy buenos profesionales en eso, pero: declaremos estado de catástrofe por la pandemia de la obesidad». A la manera de la República de Platón, Guarén cree, envanecido, que los profesionales de la salud y las políticas públicas de un país tendrán sus consejos como carta de navegación. Pesadilla de la que difícilmente puede despertarse tranquilo: un país gobernado por la planta de columnistas del Mercurio. ¡Dios nos libre!

Una cosa sí puede sacarse al limpio: los muchos libros, las muchas citas, terminan por producir un grado preocupante de indigestión intelectual en personas como Guarén, que desde su jardín mira compungido el cierre de su restaurant favorito. Guarén no conoce Freirina, Ventanas ni los ríos secos de Petorca. ¡Seguro que le daban paltitas de entrada en el Escuadrito al Guarén!

Bucólico e indigesto, observa reprobatoriamente cómo este paisaje se esmera, en cada sopaipilla, en cada cazuela, en cada handroll-a-luca, por hundirse en la pestilencia de la obesidad y el sedentarismo. Pobrecito, Guarén, que golpea su pecho y reza cuatrocientos avemarías por la salud de la morenidad chilena. Guarén quisiera un país lleno de cuerpos bellos, calcados de los mejores sueños de Leni Riefenstahl.

Un pueblo gordo y bárbaro caminando hacia el abismo al ritmo del trap. Que el apocalipsis nos pille a dieta. Guarencito estará rezando por nuestros triglicéridos.

La Casa Lobo (Joaquín Cociña, Cristóbal León – 2018)

Una película de culto del cine chileno.

#400Peliculas

María es una joven que se refugia en una casa tras escapar de una secta religiosa alemana en Chile. Como si estuviera en un sueño, la casa reacciona a los sentimientos de María y hace que su estancia sea una pesadilla.

(PEL)

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la ciudad perdida

Dubline

Desde el punto de vista empírico, parece increíble que Joyce haya podido escribir un capítulo como este (una novela como esta) sin volver a su ciudad. Desde el punto de vista emotivo, en cambio, es no solo creíble sino inevitable: un capítulo así solo se escribe desde el exilio, a partir de la necesidad de recrear hasta en sus mínimos detalles la ciudad perdida. Un escritor atrapado en su ciudad la desrealiza (Kafka, el Borges de “La muerte y la brújula”). Cuando la ha perdido y no puede volver, la recrea con el maniático amor del fetichista, como sucede aquí y en la ya mencionada La Habana para un infante difundo de Guillermo Cabrera Infante.

En Ulises. Claves de lectura (2015) de Carlos Gamerro